06/11/09

De víboras y soldados

fernando-penaen.jpgLas personas no somos buenas o malas solamente. Existen muchos adjetivos en el medio. Se dice que alguien es zorro, y no necesariamente es malo. También hay jodidos, fallutos, cagones, ladinos, veletas, alcahuetes y no son malos, no tienen mal corazón, no tienen mala leche. Hay muchas actitudes de los demás que nos llenan de dolor y de bronca, sin embargo no podemos acusarlos con pruebas fehacientes, no podemos encararlos o ir al choque porque de alguna manera quedamos en evidencia, quedamos pagando, como se dice. Quedamos como locos. Porque ellos no hicieron nada realmente. 

Es un arte el de cierta gente, el de tocar las fibras más íntimas del otro sin que se les note, con cara de estampita; con el tono más amable te apuñalan donde más duele, te joden, te hacen sentir mal, te arruinan en un instante. Trabajan para eso. Lo preparan. 

¡Cuidado con esos miserables! 

Estaba un día en mi camarín, Canal 9 todavía se llamaba Azul, cuando de pronto escuché que alguien lloraba desconsoladamente en los pasillos. Era un llanto feo, de esos que angustian, impresionan, un llanto que pedía basta, un llanto de alguien que ya no aguantaba más. Más que un llanto era un lamento, un quejido. Abrí la puerta y vi que era una de las productoras; la metí en mi camarín, la senté y le pregunté qué le pasaba. Me contó que otra de las productoras la estaba volviendo loca. La maltrataba sin malos tratos evidentes, le decía cosas horribles en voz baja, y les contaba a los demás cosas de ella que no eran ciertas. Quería renunciar. Le aconsejé que no renunciara, que todo se iba a arreglar, pero mientras le hablaba sospechaba que se trataba de un caso parecido al que me había tocado vivir cuando era cadete. Trabajaba en una empresa en la calle Reconquista, una empresa que hacía estudios sobre petróleo en la Patagonia. La secretaria estaba caliente conmigo y obviamente yo no le daba bola, no sólo por el hecho de ser homosexual sino porque además era fea. Tenía 18 años y aún me acostaba con mujeres de vez en cuando, lo que me quitaba un poco las culpas de ser maricón. Diana, así se llamaba, me volvía loco. El dolor de no poder conquistarme, el sufrimiento de verme todos los días y que yo apenas la notara, hizo que me hiciera la vida imposible. 

El problema con esta gente es que por lo general uno tarda en darse cuenta. Uno tarda en detectar al enemigo. Se transforman en enemigos lentamente; lo que empezó como una pequeña venganza, def ensa o aleccionami ento s e convierte en una guerra sin piedad. Pierden piel, como las víboras y como los soldados. Tienen estrategias, planes de acción, se agazapan camuflados y se hacen notar solamente cuando ya es tarde, como las víboras y los soldados. 

Pónganse a pensar, todos hemos tenido una experiencia similar. Puede ser una persona muy cercana, alguien a quien queremos y que nos quiere. Puede ser alguien que nos atiende en un negocio, sí, ese a quien vemos a diario. Ese que parece tan amable. Puede ser alguien a quien vemos por primera vez, por ejemplo un acomodador en el cine o una recepcionista en una empresa. Está lleno. 

Hay muchos de esos que no pueden con su vida. Esos que no saben enojarse sanamente, esos que no lo dicen en el momento, esos que no saben perdonar y no perdonan. Esos que de pronto te la juran. Esos que escriben tu nombre en un papel y lo ponen en el freezer. Esos macumberos que te calcan en un muñeco de pañolenci y te pinchan con alfileres. Esos a los que por algo te les ponés entre ceja y ceja, aunque sinceramente estés convencido de que no les hiciste nada. Esos que dicen que ahora vas a ver… Esos a los que te les cruzaste sin darte cuenta y sin querer. Esos que te esperan, esos que te observan, esos que saben cuándo y cómo actuar para que vos quedés mal. ¡Ojo que existen! 

Viven para eso, es su causa y su inspiración. Viven por nosotros. Mueren por nosotros. 

Tienen un poder pequeño por lo general, un poder infinitesimal, pero un poder suficiente. Pueden tener el poder de no darte el asiento en un avión, o de no ayudarte para que tengas internet cuando la máquina se te descuajeringó. También tienen el poder de conocerte al dedillo, te sacan inmediatamente y saben dónde darte. Como algunos tenemos el poder para muchísimas otras cosas, ellos solamente lo tienen para debilitarnos. 

Existe una sola forma de combatirlos. Sonreírles. En todo momento sonreírles. Por cualquier cosa sonreírles. No perder la calma nunca. Ser sensatos, preocuparnos por ellos, ocuparnos de ellos, pero de verdad y con amor. Adoptando una conducta casi hippie, convirtiéndose en una especie de Yoko Ono. El amor todo lo podrá. Una de las reacciones que más los fortalecen es nuestro enojo, nuestra latinidad, nuestro arranque. 

Juro que es en vano luchar en contra de ellos, no sirve. Solamente una conducta oriental es la que funciona. Pero nunca hacerlo de mentirita; como me decía mi abuela, tiene que ser una bondad genuina, auténtica. Tienen también el poder de detectar la falsedad, la conocen perfectamente. La huelen, ellos tienen mucho olfato… perciben hasta cuando temblamos, están al tanto de nuestro parpadeo. Es casi como estar bajo un detector de mentiras, hay que respirar mucho, hay que contar mucho hasta diez, hay que soportar muchísimo también. Cuando notan que te acercás de buena fe te van a odiar, van a vomitar como Linda Blair en El exorcista, pero es ahí donde hay que afirmarse y seguir, seguir con fe y amor… con convicción. 

Actúan como los perros cuando les tenés miedo, y te muerden. Se comportan como los caballos y te tiran. Como víboras y como soldados. Por eso es recomendable estar atentos siempre. Es casi inexplicable el fenómeno que los lleva a estar esperando a su víctima, esperando arruinarte la vida por algo o porque sí nomás, no sé qué les habrán hecho de chiquitos para ser así… no lo sé. No sé si es maldad o torpeza. No sé si se dan cuenta. No sé si son maquiavélicos o infantiles. No sé por qué son así los que actúan en silencio esperando el fracaso ajeno. 

Usted estará pensando que exagero, no, señor lector. Usted porque seguramente, como yo, es bueno, pero esto es como lo que dicen de las brujas, dicen que no existen… pero que las hay, las hay. 

¡Oh!, Jesus, save the lovely creature from the devil’s paws…

 

Fernando Peña

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