16/05/09
La música, ese parásito que nos habita
El rasguido de las cuerdas de una guitarra, el crepitar de un tambor o la suave melodía de un piano producen, en cada uno de nosotros, diferentes sensaciones que seducen, ambientan, trasladan. Es entonces, cuando la musicoterapia –novel disciplina– se encarga de poner todo eso bajo la lupa y contribuir a la rehabilitación y el tratamiento de muchas dolencias.
Una línea cruzando el debate actual acerca de la naturaleza de los sentimientos y emociones que genera la música, a la que los cognitivistas consideran cada vez menos un lenguaje y mucho menos sólo un arte, sino algo más complejo y primario a la vez, muy relacionado con el cuerpo. Como nuestra percepción del mundo –creemos– está mediada por el lenguaje, marca de fábrica de la condición humana, es fácil explicar por qué hay palabras y vivencias capaces de alterar al organismo del mismo modo que una droga: inducen estados de éxtasis o de suma relajación, ponen la piel de gallina, generan contracciones musculares repetitivas, voluntarias o no.
Porque ambos, lenguaje y sustancia, impactan por diferentes vías sobre el mismo sistema nervioso, donde desencadenan procesos neuroquímicos de idéntica naturaleza. Pero cuando la pregunta es por qué la música puede replicar estos procedimientos, en sonidos que son considerados parte de un lenguaje que habla pero no dice, la cosa cambia y una gota de frío misterio cae del paraguas y se cuela justo en el límite entre el cuello y la camisa.
La teoría clásica, que define la música como el arte de combinar sonidos, sostiene que son tres los elementos fundamentales que la constituyen: melodía, armonía y ritmo, a saber: la sucesión de los sonidos en el tiempo, la combinación simultánea de las notas y la relación entre la duración y acentuación, el pulso y la forma de distribución de la energía en el tiempo. Así, melodía y armonía se codifican en base al tono, que es la frecuencia del sonido, la cantidad de veces que oscila en un segundo una cuerda tensada ante una transferencia de energía dada, en el mejor de los casos, por la mano del músico.
LA ORQUESTA FISICO-MATEMATICA
De las relaciones entre las frecuencias se derivan tonalidades, acordes y escalas, sistemas de tensiones y reposos autónomos. La matemática puede dar cuenta de ellas, y la física, de las variaciones de energía que representan los juegos tonales. Pero nada de eso alcanzaría el status de música sin oídos (humanos) capaces de captar este entramado. En la concepción clásica occidental de la música, europea, codificada, diatónica y no cromática, digital y no analógica (¿por qué sistemas de siete notas y no una infinita paleta cromática de tonos?), el cuerpo aparece como el gran ausente.
Otras cualidades de los sonidos hacen más fácil su traducción al lenguaje hablado. Son las distorsiones respecto de esa forma de onda perfecta, sinusoidal, las que dan a los instrumentos su timbre: la dulzura del violín en un adagio, la aspereza de la guitarra distorsionada del punk-rock, la profundidad acuosa del udu, instrumento de percusión de la India cuyo nombre evoca su sonido. De los elementos teóricamente fundamentales, apenas el ritmo, rápido o lento, podría llegar a guardar analogías directas con el lenguaje, y las acotaciones de expresión (piano, forte) y de carácter (adagio, allegro) que se hacían en las partituras no son reductibles a palabras: son palabras.
Tempo, nivel sonoro, articulación y timbre pueden servir al músico para comunicar representaciones de emociones específicas al oyente, según demostraron en experiencias de laboratorio Gabrielsson y Juslin, en 1996. Los músicos se inventaron “claves” para variar esos parámetros con el objetivo específico de transmitir, mediante una melodía corta, felicidad, tristeza, ira, miedo y ternura sucesivamente. Y los oyentes, con diferentes formaciones musicales previas, “adivinaron” casi siempre, tanto en vivo como en grabaciones, aunque nadie haya podido explicar cómo.
“¿HAY ALGO MEDIANDO ENTRE LOS SONIDOS Y EL CUERPO?”
Dejando de lado toda representación que provenga de la “alta” cultura, popular o de masas, ¿hay algo mediando entre los sonidos y el cuerpo? Estudios en musicoterapia indican que el fraseo musical, con sus tensiones y relajaciones, es percibido como un relato que estructura la experiencia musical y que la ruptura de ese relato es interpretada en términos metafóricos, es decir, como una ruptura de “otra cosa”. Y que para que haya emoción en la música, dice Diana Raffman de la Universidad de Toronto, tiene que haber un tono de referencia, y por eso todo intento de música atonal, como la dodecafónica, basada en escalas de doce sonidos en vez de siete, fracasaría rotundamente en sus intentos expresivos.
Desde el punto de vista evolutivo parece claro lo que significó el lenguaje hablado para el Homo sapiens como ventaja adaptativa sobre las demás especies, pero, ¿qué pasa con el lenguaje musical?. Pasa que esos juegos temporofrecuenciales consumen su energía sin aportarle aparentemente ninguna ventaja adaptativa a cambio. De lo contrario, habría que conformarse con las hipótesis de sociobiólogos como Geoffrey Miller (2000), para quien la aptitud musical, como cualquier otra habilidad estética incluidas la religiosidad y la capacidad para contar historias, forma parte del kit de herramientas cuya posesión torna al humano más atractivo, en este caso, a los oídos de sus congéneres del sexo opuesto.
A pesar de reducir tanto la idea de la música, esta línea da una pista sobre el origen de lo estético: las actividades “decorativas” que se perciben como más sofisticadas o difíciles serían los mayores síntomas de salud y vitalidad, o al menos así debe haber sido durante el Pleistoceno. Y por si fuera poco, elementos distintivos de la belleza natural, como el número áureo o la serie de Fibonacci, se encriptan regulando internamente los sistemas tonales que el oído registra como agradables, y abonando este concepto de “estética darwiniana”, como algunos la llaman.
LA HIPOTESIS DE MITHEN
Pero en The Singing Neanderthals (2005), el cognitivista inglés Steven Mithen sostiene que, lejos del gutural gruñido que la arrogante imaginación de los autores de textos escolares les atribuyó como única posibilidad de comunicarse, los homínidos que nos precedieron fueron mucho más expresivos que nosotros. Su lenguaje no era representativo: carecía de palabras. Pero incorporaba una riqueza de movimientos, de cambios de tono y de intensidad de la voz de la que sólo quedarían vestigios en la relación del bebé con los adultos durante los seis primeros meses de vida; después, cuando con el Homo sapiens apareció el habla propiamente dicha, toda esa multimodalidad “sobrante” debió resignarse a ser apenas música.
La hipótesis de Mithen sobre el neanderthalense se presenta como especulativa y difícil de probar, no así su idea de que en el modo de interacción del recién nacido con quienes lo crían está la semilla de la aptitud musical y, sobre todo, de las emociones propias de la música y la danza. Según autores como la estadounidense Ellen Dissanayake o la argentina Silvia Español, investigadora del Conicet, éstas son previas al lenguaje e imposibles de “traducir” o codificar, porque son de carácter dinámico y analógico, e involucran la percepción del cuerpo.
Cuando un adulto se dirige a un bebé repite frases, sonidos y palabras; exagera, usa diferentes tonos de voz, y es así como el recién nacido reconoce a sus congéneres como lo único capaz de moverse y emitir sonidos de acuerdo con un patrón, e incluso de responder ante los movimientos de su propio cuerpo, que está empezando a registrar. Ahí aprende el juego de la repetición y la diferencia, que lo vincula con el otro, no a través de un código común sino gracias a un juego de tensiones y emociones muy intensas. La repetición, la demora y la contingencia son los elementos de ese juego en el que, como en la música, es central el factor tiempo.
“ESE MODO DE ESTAR CON EL OTRO”
Las emociones gestadas en ese “modo de estar con el otro” serían, entonces, diferentes de las emociones “darwinianas”: enojo, alegría, tristeza. En todo caso las matizan (así como el timbre de un instrumento matiza al tono) con sentimientos temporales dinámicos, cuya definición posible sería necesariamente más difusa y antojadiza: una “alegría fugaz”, una “tristeza evanescente”, una “irrupción creciente” de ira. Esa capacidad para las emociones irreductibles a códigos nunca se pierde, y eso sería lo que permite hacer música y disfrutar de ella.
El año pasado, un científico del Massachusetts Institute of Technology (web.mit.edu) de Boston, EE.UU., presentó un estudio en el que aseguraba que hablar es casi totalmente ineficaz e intrascendente a la hora en que los seres humanos establecen ciertas relaciones. De un experimento suyo resultó que los vendedores y relacionistas públicos más exitosos no compartían habilidades linguísticas, sino pequeños movimientos, tonos e inflexiones de la voz, según lo registraron sensores y micrófonos conectados a osciloscopios y analizadores de espectro. Tal vez el habla no sería más que un ornamento y el Homo musicans haya vivido presa de su propio engaño desde el principio de los tiempos.
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15/05/09
¿Quién es el lobo feroz?
Pusieron el grito en la web: madres y padres británicos repudian a la BBC por poner al frente de un canal infantil a Cerrie Burnell, la actriz-conductora a la que le falta un brazo.
Las miradas personales, los prejuicios y el miedo a lo diferente están en pleno flechazo en estos días y en Gran Bretaña. Sucede desde que la BBC puso al frente de su canal infantil Cbeebies a una conductora del moderado estilo que suelen tener las conductoras de canales infantiles, como pueden ver en la foto. El tema es que la foto termina a la altura de su cintura y el encuadre es lo suficientemente amplio como para mostrar uno de sus brazos o, mejor dicho, no mostrarlo. Porque a Cerrie Burnell le falta un brazo por una malformación con la que convive desde que nació, hace 29 años.
Su exposición hizo que muchos padres se levantaran de sus butacas y se dirigieran hacia los foros de Internet disponibles en la web del canal. En uno de esos e-mails preguntaban algo así como: “¿No es una apuesta al rating alineándose a un discurso políticamente correcto?”, “¿Discriminación Positiva?”. Más allá de la verdad que pueda haber en esas preguntas, resulta inimputable ante el resto de los mensajes. “Que la chica sin brazo asusta a los más chicos”, “Que me exige hablar de temas sobre los que no están preparados”, “¡Que podría provocarle pesadillas a mi hijo!”. Porque la chica es, entre otros, la cara del programa Es hora de acostarse.
Encima, Burnell no reemplaza la carencia con ninguna prótesis. Cómo no iba a ser señalada por la audiencia si la censura suele comenzar por casa: recordemos que Heather Mills –la ex de Paul Mac Cartney– habría sido censurada por su compañero cuando ella posó (desnuda y) sin prótesis a favor de una campaña contra las minas antipersonales.
La acusada conductora de la BBC no se alarmó. Es más, reconoció que la principal ganancia de estar ahí era ésa: generar debate, que los adultos les respondan a los más chicos qué le pasa a esa chica en el brazo, mamá, por qué no tiene mano. Y que los chicos y las chicas crezcan con modelos positivos con características diversas. Por supuesto, un montón de organizaciones salieron al cruce para apoyar a la conductora que alguna vez respondió que si tuviera poderes mágicos se dejaría crecer una cola laaaaaarga hasta convertirse en sirena.
500 millones de Cerrie Burnell
Según Naciones Unidas, “hay en el mundo más de 500 millones de personas con discapacidad” que tienen iguales derechos que las demás. Sin embargo, “viven en desventaja debido a barreras físicas y sociales existentes en la sociedad, que se oponen a su plena participación”.
¿Por casa cómo andamos? Según ANDI (Agencia de Noticias por los Derechos de la Infancia), los jóvenes con discapacidades se reconocen poco en la programación de los medios. Niños y niñas de entre 11 a 13 años que viven con diferencias intelectuales, visuales, auditivas o físicas lamentaron que, cuando se los visibiliza, los ciegos son favoritos, luego los que usan sillas de ruedas y/o padecen síndrome de Down. No sólo repudiaron lo que (no) pasa en los canales de entretenimiento sino más: en el periodismo. Que en diarios y noticieros sólo son noticia cuando son víctimas, sobre todo de crímenes sexuales.
En algo de eso anda León Gieco: estrena su película Mundo alas, donde presenta a jóvenes músicos, destacando esa capacidad sobre otras diferentes. El actor Boy Olmi también sacó a bailar este tema y no le temblaron los pies. Fue compañero de Lorena Paranyez en Bailando por un sueño; ella fue víctima de la violencia de un ex novio que le arrojó ácido en la cara. “Trabajo en tele desde que era chico y nunca tuve un criterio generalizador. Pero ésa era una experiencia de altísimo riesgo porque se trataba de un espacio delicado, de dudoso gusto. Con Lorena hicimos una especie de bloque para no traicionar nuestros intereses, para no prestarnos a la especulación ni al morbo”, dice Olmi. Casualmente, está terminando su documental Huellas en el agua, dedicado a la nadadora de aguas frías María Inés Mato, a quien le falta una pierna. Aclara: “El tema de su pierna nunca es central, tampoco creo que ella le dé mayor importancia”.
Olmi conoce el medio desde todos los costados: como actor, como director, como espectador. “Estoy seguro que quien impulsa contenidos como el de la BBC tiene valores como para querer cambiar las cosas pero, ¿cómo se lo utiliza después? Es parte de las reglas del juego –reconoce–. Pueden servir a dos intereses al mismo tiempo, los que tienen que ver con una honesta integración adulta de la discapacidad y los intereses opuestos que tienen que ver con una explotación de la perversión. En los medios siempre van a usar los contenidos para sus fines comerciales. ¡El medio es tan inteligente que se apropia hasta del bien para sus fines maléficos!”
En la investigación de ANDI, los adolescentes señalaban más o menos satisfechos al personaje que Mariano Martínez interpretaba en Son de fierro, que lideró la audiencia en su temporada. Allí era Juan, el profe ciego. En una entrevista, su guionista, Marcela Guerty, contaba que les llovían las cartas de televidentes preguntando cuándo Juan recuperaría la visión. No podían tolerar la diferencia. No sólo Juan no recuperó la visión: se murió antes de que terminara el ciclo en el que también se habló de cáncer de mama, de adopción, divorcios sin retorno, de familias ensambladas. Miento: Juan sí recuperó la vista, minutos antes de morir, como un Quijote de la televisión argentina que recupera la cordura, “la lucidez de la agonía”, también luego de una pelea contra los molinos de viento.
María Mansilla
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14/05/09
Una porquería servida en bandeja
Desde la epidemia de fiebre amarilla en el año 1871, que no había una plaga tan vulgar, monstruosa y dañina como las empresitas familiares de desayunos a domicilio.
Amparados en la virtualidad de canales de venta online, un montón de improvisados ofrecen —por la módica suma de setenta pesos más quince de envío—un desayuno completo en la puerta de su casa, adornado con los objetos más siniestros que pueda recibir una persona al despertarse: globos y celofán.
La idea es simple, y a primera vista incluso podría pasar por cuerda: si se puede pedir un almuerzo o una cena por teléfono ¿Por qué no pedir también un desayuno o una merienda?
Sin embargo, detrás de este razonamiento apurado, la propuesta se revela bastante estúpida, porque el delivery nació como una solución a la falta de tiempo y al cansancio, y a diferencia de una cena —que bien puede ser una pizza— en el desayuno hay que poner a calentar el agua, hacer el café, armar las tostadas y luego lavar la vajilla. O sea, que igualmente hay que trabajar.
Pero veamos un ejemplo. Este es el desayuno clásico que se ofrece la mayoría de las empresas. A fines de hacer un análisis profundo, transcribí de forma textual (incluidas las comillas y las negritas) la oferta.
¡Desayuno clásico Nahuel-Pan! ¡Muy fresco y abundante!
1 bandeja de mimbre “decorada a mano”
Individual de goma Eva con detalle a crochet
1 taza de cerámica, 1 cucharita, 1 untador de acrílico, 1 servilleta de tela
Panerita de mimbre
Café La virginia instantáneo (1), azúcar Ledesma (3), variedades de té “frutal” Taragui, 1eche en polvo Ilolay (2), Manteca La serenísima (2), Dulce de leche Ilolay (2), blister de mermelada arcor (2), 1 pack de jugo Baggio o Cepita (siempre primera marca), edulcorante Hileret (4), Mate cocido (1).
Bizcochitos, 2 madalenas, galletitas, pancitos con jamón y queso, 1 arrolladito de dulce de leche, 1 muffin de vainilla, 2 medialunas, 1 alfajor, tostadas de pan francés (¡Muy abundantes!) y bombones de chocolate.
Envoltorio realizado en papel celofán con decoración de moños, cintas y flores secas.
1 globo con expresión (carita feliz)
1 tarjeta de felicitación “alegórica” para el homenajeado.
Quizás yo tenga una visión muy conservadora, pero la verdad es que no entiendo cuál es el beneficio concreto de recibir esta clase de desayuno a domicilio. Si igualmente hay que ir a la cocina a calentar el agua y a hacer el té ¿Qué diferencia hay entre agarrar el saquito de la alacena o de una bolsa que te dejan en la puerta?
¿Le estoy pagando ochenta pesos a alguien para que me traiga envuelto en celofán todo lo que yo ya tengo en la heladera? ¿Ochenta pesos por el mismo té que venden en el supermercado y unas medialunas horneadas el día anterior? ¿Y quince pesos de envío por los mismos ingredientes que cualquier supermercado me trae gratis todos los días?
Pero dejemos volar la imaginación. Supongamos que el comprador no sabe que va a recibir lo mismo que compra en el supermercado más ruin de su barrio. Supongamos que un mal amigo se lo recomendó y este buen hombre hizo un pedido por primera vez, con la esperanza de sorprender a su esposa el día de su cumpleaños. ¿Cómo no advierte el aluvión de cachivaches comestibles que se le van a venir encima cuando lee la meticulosa descripción de los productos? ¿Cómo no se ríe, asqueado, cuando lee que el combo incluye flores secas y cintas, jugo en tetrapack o un paquete de sales de baño de regalo? ¿Cómo no duda al ver que aclaran cincuenta veces que el desayuno es abundante? ¡Abundante! Como si lo único que importara fuera comer mucho, llenarse la panza de masacote genérico con gusto a vainillina berreta y dulce de leche estirado con harina.
Además, como si fuera poco, subrayan que la servilleta es de tela, que los productos son frescos o que incluye leche de descremada. Por el precio del producto esas cosas deberían ser obvias. ¿Desde cuándo la frescura de un alimento dejó de ser una condición sine qua non y pasó a ser un valor agregado? Se les hincha el pecho de orgullo cuando aclaran que usan endulzante “Hileret”, mermeladas Arcor en blíster o taza de cerámica. ¡Qué glamour! ¡Qué derroche de elegancia! ¡Qué festín para los sentidos! ¿Qué esperaban, los señores? ¿Mandar un vaso de plástico y mermelada Dulciora adentro de una bolsita de residuos? ¡Por ochenta y cinco pesos deberían darme mermelada artesanal de cítricos al cardamomo y no esas mermeladitas roñosas que ponen en los micros larga distancia o los hoteles baratos de la costa!
Y no olvidemos la pastelería: por el precio de un té en un hotel cinco estrellas podemos disfrutar la misma calidad y variedad de snacks que ofrece cualquier kiosco que venda superpanchos en el microcentro: pastafrola industrial, medialunas frías, masitas cubiertas con chocolate falso a base de aceite hidrogenado y sandwiches de miga de estación de servicio. Y todas estas delicias envueltas adentro de cucuruchos de celofán fruncido y manoseado por hijas desempleadas que jamás escucharon el término “bromatología” porque dejaron de estudiar en tercer año.
¿Esta gente sabe que ir a tomar el té al hotel Alvear cuesta exactamente lo mismo que su bandeja? ¿Saben que por la misma cantidad de plata (repito: ochenta y cinco pesos) en vez de bolas de fraile de pastelera sintética hay tortas heladas de mousse de maracuyá? ¿Que en vez de mermelada berreta con sabor a gelatina hay dulces caseros de grosellas negras? ¿Qué en vez de chupar un “té frutal” con gusto a chicle globo “bubaloo” hay infusiones con vainilla de Madagascar? ¿Qué en vez de “ser agasajados” con regalitos sorpresa como moños y tarjetas carnavaleras pueden disfrutar de centros de mesa de flores frescas y manteles de lino egipcio en la mesa?
Ya sé, ya sé. Muchos dirán que la culpa es del consumidor y no de la empresa. Que cada uno es libre de ofrecer lo que quiera al precio que le plazca mientras alguien lo quiera comprar, y es cierto. Pero si ellos son libres de vender globos con cara y palmeritas rancias a ochenta y cinco pesos, yo soy libre de gritar a los cuatro vientos que son un malón de ladrones vulgares que hacen del mundo un lugar más feo con sus bandejas. Y no me importa lo que me digan. Que era mi cumpleaños, que fue a último momento, que no sabía que había una taza decorada. Háganse cargo con la frente bien alta: cualquiera que pague o cobre ochenta y cinco pesos para tomar café instantáneo con pastafrola tiene el deber moral de sentir vergüenza.
Carolina Aguirre
La Peleadora / La vida con un caracter de mierda / Critica de la Argentina | La Peleadora | Weblog de Carolina Aguirre
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13/05/09
Onda verde
Cualquiera diría que no, que esta tierra de planicies amarillas y aire cargado de polvo no puede pertenecer a Costa Rica. ¿Dónde están las selvas espesas, los bosques nubosos y húmedos que se supone tapizan esta parte del trópico centroamericano?
Pero esto es Guanacaste, la región más seca de Costa Rica, una provincia del Pacífico norte donde las llanuras despojadas recuerdan a la sabana africana, y a los gauchos locales, justamente, se les dice sabaneros.
Claro que la llamada estación dorada, cuando la lluvia es prácticamente una ilusión, termina en mayo, y entonces llega el aguacero y con éste, un paisaje tan verde como irreconocible.
De todos modos, el turismo en Guanacaste es fuerte en esos meses áridos, tal vez porque el sol brilla todos los días, porque las playas son igualmente espectaculares y porque, como en todo Costa Rica, también aquí abunda la diversidad de ecosistemas y microclimas. Así, al lado de una llanura desolada se levanta una cordillera de volcanes humeantes, un manchón de bosque lluvioso o un manglar devenido santuario de aves migratorias.
Pase, vea y elija la opción que más le guste.
Parque Nacional Rincón de la Vieja
En este extraño mundo de 14.000 hectáreas y curioso nombre, las columnas de vapor brotan de la tierra con la misma facilidad que la guaria morada, especie de orquídea que también es la flor nacional de Costa Rica. Las fumarolas conviven con hoyos de barro burbujeante, lagunas de agua helada, cascadas escondidas, senderos con nombres como bosque encantado y, por supuesto, la estrella del parque, un volcán que alcanza los 1916 metros sobre el nivel del mar y que es uno de los siete activos de todo el país.
Los más entusiastas pueden subir hasta la cima del volcán, que cuenta con varios picos y cráteres (el cráter activo está cubierto por un lago caliente y ácido) y vistas insuperables de la península de Nicoya y el lago de Nicaragua. Eso sí, son cuatro horas de caminata cuesta arriba y otras tantas para bajar.
Parque Nacional Palo Verde.
Científicos de todo el mundo vienen a estudiar este rico ecosistema que combina ríos, pantanos, manglares y bosque tropical seco; que reúne 15 hábitats y que refugia nada menos que 250.000 aves migratorias, 250 especies de abejas o 109 de murciélagos.
A mano izquierda del parque fluye el río Tempisque, así que lo usual es avistar la impresionante variedad de flora y fauna desde una embarcación, en una excursión similar a la que podría hacerse en nuestros esteros del Iberá. Claro que en lugar de yacarés aquí hay cocodrilos, y muchos, por lo cual no sorprende que estos reptiles sean los primeros anfitriones del paseo. Después aparecerán los monos aulladores y capuchinos, saltando de rama en rama y mostrando sus dientes ara ahuyentar intrusos, las espátulas rosas (muy parecidas a los flamencos), las iguanas o el jabirú, una gran cigüeña en peligro de extinción.
Canopy
Hacer canopy en Costa Rica es como pasear en góndola por Venecia. Se ofrece en todos lados y es algo así como un sello distintivo del lugar. De hecho, esto de deslizarse entre las copas de los árboles a través de un cable de acero, con la ayuda de un arnés y una polea, es invento costarricense, y en un principio poco tuvo que ver con el espíritu de aventura. Parece que en los años 80, los biólogos que estudiaban la flora de altura -como helechos o bromelias- desarrollaron un sistema de transporte que les permitía volar entre los árboles, sin necesidad de subir y bajar continuamente de las plataformas. Hoy, lejos del ámbito científico, el canopy es un programa seguro y divertido para explorar los bosques autóctonos.
Tamarindo
Como suele suceder en casi todos lados, el llamado progreso llegó a este pueblito colorido que se recuesta sobre el mar. El que busca algo de noche, buenos tragos, negocios de artesanías o de tablas de surf, bancos y hasta casino, entonces está en el lugar indicado. El que busca autenticidad que se olvide: todo está en inglés, desde los menús hasta los carteles que anuncian tatoo shop, bike rental, Real Estate o surf lessons. Y aunque Costa Rica en general es un destino conocido por la afluencia de turistas estadounidenses, Tamarindo se ganó el dudoso sobrenombre de Tamagringo.
Tortugas
Amparadas en la oscuridad de la noche, las enormes tortugas baula -las más amenazadas de la especie- llegan de a una entre octubre y marzo de cada año a Playa Grande, en las costas del Pacífico norte, a depositar sus huevos. Con ese paso entre tosco y pesado se acercan a algún rincón reparado para cavar su nido en la arena, y lo hacen con sorprendente gracia y agilidad. Es tal su trance cuando depositan los huevos que difícilmente sienten la presencia de extraños (de todos modos, los grupos requieren guía y linternas con luz roja para no molestarlas). Cuando finaliza, la tortuga tapa el hueco con sus aletas y regresa lentamente al mar. El silencioso espectáculo es capaz de emocionar hasta al más insensible.
Playas
Quien sienta que ya ha visto suficientes monitos o volcanes, nada mejor que tirarse panza arriba en una de las tantas playas de Guanacaste. Las hay para todos los gustos: de arena negra o blanquísima como el talco, desoladas o dotadas de todos los servicios imaginables (restaurantes, reposeras, carpas de masajes, etcétera), kilométricas o encerradas en bahías diminutas.
Los aficionados al surf pueden practicar el deporte en Roca Bruja, dentro del Parque Nacional Santa Rosa, un quiebre que, según los entendidos, es uno de los mejores del país para sortear olas de hasta cuatro metros, con fuertes vientos de diciembre a marzo.
Para otro tipo de adrenalina, el golfo de Papagayo es conocido por su extraordinaria vida marina. Los buceadores tendrán encuentros cercanos con tiburones ballena (a no asustarse: es el más manso del mundo, tal vez porque no tiene dientes), mantas rayas, pulpos y un sinfín de peces de coral.
Parque Nacional Barra Honda
Es una rareza dentro del turismo convencional de playas o bosques. Se trata de un extenso circuito de cavernas, algunas de hasta 240 metros de profundidad, de las que sólo 19 han sido ampliamente exploradas. La más visitada -el descenso se hace por medio de una escalera de cuerdas- es la llamada caverna Terciopelo, que tiene una profundidad de 60 metros y cinco salas revestidas de estalactitas, estalagmitas, extrañas formaciones y esculturas de calcio moldeadas durante millones de años.
Datos útiles
Cómo llegar
A San José, por Copa Airlines (con escala en Panamá), a partir de US$ 1131 (con impuestos). Desde San José, Sansa (que opera avionetas Cessna Gran Caravan) tiene tres vuelos diarios a Liberia, capital de Guanacaste, por US$ 114.
Dónde dormir
JW Marriott Guanacaste Resort & Spa. Hasta el 30 de abril hay una promoción para América latina de US$ 199 (+16.39% de impuestos) que incluye habitación en base doble y desayuno tipo buffet (para categorías Deluxe Garden View y Deluxe Pool View). Informes: 0800-444-9846; www.marriott.com.ar
Excursiones
Las entradas a los parques salen entre 6 y 10 dólares. Para informes sobre precios de excursiones: www.swisstravelcr.com
Teresa Bausili
Manuel Antonio, un parque de novela
Uno pasa el día entre la selva y el mar, junto a mapaches carteristas, muy divertidos hasta que se llevan la comida de los viajeros. Eso no tiene gracia: para comprar otro almuerzo hay que caminar kilómetros, porque en el Parque Nacional Manuel Antonio no hay bares ni chiringuitos, mucho menos restaurantes. Así que es imprescindible llevar provisiones, incluidas las bebidas, a menos que uno se anime al agua del grifo, potable, pero traicionera.
El acceso está al final del pequeño balneario de Espadilla Norte. La gente camina por la arena, pasa por detrás de una roca y, magia, desaparece; no se la vuelve a ver hasta las 16. Así de extraña es la puerta del parque, mucho más después de atravesarla y quedar del otro lado.
Espadilla Norte es la antesala. Muchos la llaman directamente la playa pública de Manuel Antonio . Es linda, pero tiene cemento en su costanera, puestos de artesanía demasiado parecida y vendedores muy entusiastas.
Si uno llegó hasta aquí, punto saliente de la región Pacífico Central, no es para quedarse afuera del parque. Luego, claro, puede ver el atardecer en Espadilla, porque Manuel Antonio cierra ¡a las 16! De manera que las últimas horas de playa, para muchos las mejores, no pueden disfrutarse adentro.
Lo bueno es que abre a las 7, horario anglosajón, como casi todo el turismo de la zona. Y no hay problema en adaptarse al madrugón, ya que las propuestas nocturnas son algo pobres, de manera que es más fácil levantarse temprano.
El área protegida consta de cuatro playas, manglares y varias islas, a las que se accede con tours. También se puede montar a caballo, recorrer la zona en lancha y bucear en busca de peces residentes como el ángel y el ídolo moro, además de pulpos y langostas.
Pero el paseo dentro del parque es en sí hiperatractivo, con senderos bien marcados -aunque pocas indicaciones-, que unen los espacios de arena. La playa principal es una hermosa bahía, con sombra de los árboles que llega casi hasta la orilla, cubriendo también las mesas de madera, ideales para almorzar.
Las características básicas de Playa Grande, Playita y Puerto Escondido coinciden bastante con sus respectivos nombres. En todos los casos, el agua es verde. Uno puede conocer las cuatro en un día y elegir dónde quedarse, o pasar un rato en cada una.
Afuera del parque hay guías que se ofrecen para acompañar a los turistas y ayudarlos, con el uso de monoculares, a descubrir la curiosa fauna de este bosque tropical superhúmedo. Hay varias especies en peligro de extinción, desde osos perezosos, considerados los mamíferos más lentos del mundo, hasta veloces monos tití y carablanca, que no necesitan presentación, porque aparecen solos, y también roban. Hay, además, casi doscientas especies de aves.
Alimentar a los animales está prohibido y el que no cumple sale expulsado, según los carteles.
El parque se convirtió en área protegida por el interés de los habitantes de Quepos, ciudad que es la base del turismo en la región. Aunque hay también hoteles en Espadilla y sobre todo en los 3 kilómetros de ruta que llegan hasta el parque.
De Quepos a Manuel Antonio hay hoteles sobre la ruta y otros más resguardados, frente al mar y más exclusivos. También bares y restaurantes, con menús en inglés y muy buena vista panorámica, para comer bien temprano o disfrutar de unas cervezas. Hay sitios menos turísticos, como un sencillo restaurante al frente del hotel Divisamar, una perlita de la cocina italiana.
Datos útiles
Cómo llegar
De San José a Manuel Antonio, los vuelos son hasta Quepos y cuestan unos US$ 55, ida, aunque hay ofertas en www.flysansa.com y www.natureair.com . Hay autobuses que varias veces por día parten de la terminal Coca-Cola, en Calle 16 entre avenidas 1 y 3. Demoran casi cinco horas y cuestan unos 5 dólares.
Dónde dormir
Hay variedad de hospedaje entre Quepos y Manuel Antonio. Desde cabinas (cuartos con baño privado, pero escasos servicios) por US$ 40, hasta habitaciones dobles por 250.
Más información
El Parque Nacional Manuel Antonio abre de 7 a 16. Cierra los lunes. www.parquemanuelantonio.org
Martín Wain
Montezuma está de moda pero no pierde la calma
Tiene fama de pueblito de pescadores con aires bohemios, pero dejó de serlo hace tiempo, ya que vive del turismo, y no exclusivamente del mochilero. Ahora bien: en comparación con lugares como Tamarindo, Montezuma es... hippie. Mantiene la calma, prevalece el reggae y cuenta con apenas cuatro calles llenas de locales, restaurantes y pequeños hoteles. El resto es verde todavía.
Tiene también opciones baratas, no tan comunes en las playas ticas más buscadas (Montezuma está bastante de moda). Hay un gran movimiento de gente joven, que llega en los ómnibus desde San José y atraviesa la bahía de Nicoya en un ferry que une Punta Arenas con Paquera.
Muchos vienen con sus tablas, aunque la mayoría de los surferos se dirige a la cercana Malpaís, del otro lado de la península, en el Oeste, porque su mar es más bravo.
Claro que el agua de Montezuma no es precisamente como la que uno encuentra en una piscina. Depende de la época (o más bien de la suerte), pero la fuerza de las olas puede ser asombrosa, no tanto en la pequeñísima bahía que está junto al pueblo -puerto de muchas lanchas que salen de excursión-, sino en la playa que está a unos 300 metros, mucho más abierta y concurrida. Tiene algunas rocas, pero es muy amplia, libre de paradores y con resguardo natural del sol muy cerca del mar.
Excursiones y cascadas
El Parque Nacional Cabo Blanco está en el extremo sur de la península, muy cerca. Es un bosque tropical muy húmedo, que merece al menos medio día de visita. Su amplia costa es también área protegida.
Desde Montezuma se llega en media hora, en taxi o combi. Se puede pasar antes por un lugar curioso, Isla Cabuya, a la que se accede caminando. Está enfrente de Cabuya, un pequeño pueblo, y si la marea está baja, un camino de piedras indica fácilmente cómo llegar.
Hay que informarse antes sobre el estado de la marea para regresar sin problemas. Está a medio kilómetro de la orilla. ¿Lo más curioso? Es un cementerio.
Entre las excursiones que se ofrecen en Montezuma, la más buscada es el buceo en la cercana Isla Tortuga.
Pero el paseo por excelencia es una caminata hasta las cascadas de Montezuma. Hay piletones y una caída de 25 metros. A diez minutos del centro comienza el camino hasta allí, en una calle de tierra que además ofrece bares y pequeños restaurantes. Uno sofisticado y al mismo tiempo rústico es Playa de los Artistas, con vista al mar y muy buena comida.
Datos útiles
Cómo llegar
Desde San José, hay vuelos hasta el aeropuerto Playa Tambor, a 35 minutos de Montezuma. En auto, hay que ir hasta Paquera y cruzar en ferry hasta Punta Arenas. En ómnibus, combinar entre estas ciudades.
Dónde dormir
Entre las hosterías buenas y económicas está Los Mangos ( www.hotellosmangos.com ), con parque y piscina. Desde 45 dólares la habitación doble.
Curosidades en clave local
Ecológico
Costa Rica es pionero en materia de conservación, con un 25% del territorio declarado área protegida. Con sólo 51.100 km2, es considerado uno de los 20 países con mayor biodiversidad del mundo; su posición geográfica, las costas y el sistema montañoso ayudan a entender el porqué de la extraordinaria variedad de microclimas.
Su gran conciencia ecológica, sumada a la riqueza natural y al hecho de ser una de las democracias más consolidadas de la región (fue el primer país en abolir el ejército, en 1948), lo han convertido en la nación más visitada de América Central, con el turismo como principal fuente de ingreso; con una población de cuatro millones de habitantes, recibe casi dos millones de visitantes por año. La contra: en algunos lugares se oye hablar inglés más que español y, comparado con países vecinos, Costa Rica se ha convertido en un destino caro.
Transporte
Moverse por Costa Rica no es difícil, a pesar de que sus rutas poceadas, angostas o de tierra (o las tres variables juntas) pueden estirar considerablemente el tiempo de viaje (jamás calcular este último en función de los kilómetros por transitar). Entre las opciones para recorrer el país, las más comunes son:
1) Alquilar un Jeep o 4x4, la alternativa más cara, pero la más cómoda para quienes planeen visitar muchos lugares, u otros más alejados y menos turísticos. No conviene alquilar vehículos en época de lluvias (de mayo a noviembre), cuando los caminos se vuelven intransitables. Hay que tener en cuenta que éstos son generalmente ondulados.
2) El transporte público es, por lejos, la opción más económica para recorrer el país (se calcula US$ 1,25 la hora de viaje, una ganga), aunque lo que se gana en precio muchas veces se pierde en horas de viaje. Hay que tomar los ómnibus directos para evitar los viajes interminables, aunque muchas veces las combinaciones son imprescindibles. No hay viajes nocturnos.
3) Se pueden contratar combis privadas con aire acondicionado, que ofrecen un amplio circuito de recorridos y variedad de horarios, con precios que oscilan entre US$ 25 y US$ 45 por persona. Una de estas compañías es Interbus, www.interbus.com . Unen los principales sitios turísticos, y el servicio puede ser puerta a puerta entre los hoteles.
4) Hay vuelos en aerolíneas de bajo costo que unen los principales puntos turísticos, y por supuesto con la capital. En sus páginas Web se encuentran ofertas.
Pura vida
No es un slogan publicitario, aunque no estaría mal para un país como Costa Rica. El famoso pura vida se usa aquí para todo, desde saludo de bienvenida o de despedida hasta para decir que el clima está pura vida. Es todo un símbolo del país, aunque no es autóctono: un cómico mexicano conocido como Clavillazo lo usaba como muletilla en sus películas, muy populares aquí en los años 50, sobre todo en zonas rurales.
Hay otras expresiones que se han colado en el vocabulario tico (así se conoce a los costarricenses) y que dejan ver una fuerte influencia gringa. Es el caso, por ejemplo, de tuanis, otro sinónimo para decir que algo es muy bueno. Es una deformación del inglés too nice , muy lindo. Otro caso curioso es el del guachiman o vigilador; es decir, el watch man (el hombre que mira).
¿Direcciones?
A pesar de su crecimiento y visible desarrollo, Costa Rica conserva cualidades pueblerinos incluso en las ciudades, como San José. Uno de los mejores ejemplos es el de las direcciones: la gran mayoría de las calles no tiene nombre, y mucho menos número. ¿Cómo encontrar entonces una casa, un hotel, un banco? Muy fácil (para los costarricenses, por supuesto), las direcciones se establecen según un asombroso ejercicio de memoria visual y orientación geográfica. Por ejemplo, la dirección de una casa es "la puerta verde, 100 metros al norte y 300 al este de Pizza Hut". Voilà.
Comidas
El desayuno típico es gallo pinto, que combina arroz, frijoles, chile dulce y culantro, y se sirve en general con huevos. El almuerzo típico es un casado . Puede ser de pescado o carne, con plátano frito, vegetales cocinados, y otra vez, con arroz y frijoles. Por todos lados hay sodas , restaurantes en general familiares, para almorzar a buen precio.
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12/05/09
Compartir archivos ya no es un problema
Hace años que la capacidad de la casilla de correo eléctronico gratuita dejó de ser un problema para mucha gente. El servicio Hotmail ( www.hotmail.com ) ofrece 5 gigabytes (GB) de capacidad en su casilla; Gmail ( www.gmail.com ) ofrece casi 7300 megabytes (7,3 GB), y Yahoo! ( http://correo.yahoo.com.ar ) brinda casillas con almacenamiento ilimitado. Ya no hay que correr para borrar mensajes antiguos o descargarlos a la computadora para que no se sature la casilla. Esta capacidad permitió que creciera su uso como discos rígidos remotos: basta autoenviarse un mensaje adjuntando los archivos que se quieren conservar, y listo.
Pero estos servicios tienen un límite en el tamaño de los archivos que se pueden agregar al mensaje. En el caso de Hotmail y Yahoo!, es de 10 megabytes (MB); para Gmail, es de 20 MB. Normalmente no se llega a este techo; pero en algunos casos, sobre todo cuando se desea compartir con otros un video, una presentación o un gran número de fotos en un archivo comprimido, por ejemplo, hay que buscar otra alternativa para hacer disponible esta información.
Para estos casos, hay un gran número de sitios web que ofrecen, gratis, la posibilidad de almacenar temporalmente archivos de muchos megabytes ("pesados", como se les suele decir) en Internet y compartirlos con amigos o colegas.
Entre estos sitios están SendSpace ( www.sendspace.com ), YouSendit ( www.yousendit.com ), MailBigFile ( http://free.mailbigfile.com ), Wikisend ( http://wikisend.com ), MediaFire ( www.mediafire.com ) o RapidShare ( http://rapidshare.com ), entre muchos otros, incluido el local 2elefantes ( www.2elefantes.com.ar ).
Elementos disponibles
En todos los casos, el procedimiento es similar: el sitio pedirá que se elija el archivo para subir a Internet (de entre 100 y 300 MB, dependiendo del sitio) y comenzará la transferencia. Algunos sitios solicitan, además, una dirección de e-mail del destinatario (la persona con la que se quiere compartir el archivo); otros simplemente ofrecen, al término del proceso, un link a una página desde la que se podrá descargar el archivo.
Ese mismo enlace será el que se reciba por correo electrónico. Dependiendo del servicio, el archivo estará disponible en forma permanente o se eliminará en un tiempo determinado.
Una mención aparte merecen los sitios TransferBigFiles ( www.transferbigfiles.com ) y MegaUpload ( www.megaupload.com/es ), que admiten hasta 1 gigabyte por archivo.
Otra alternativa para tener archivos en línea son los servicios como Skydrive ( http://skydrive.live.com ), de Microsoft, que funcionan como una suerte de disco rígido remoto. Skydrive ofrece 25 GB de capacidad para almacenar allí todo tipo de datos, de hasta 50 MB por archivo.
Los archivos pueden organizarse en carpetas; cada una de ellas y cada archivo en sí tienen un enlace directo, que puede enviarse por correo electrónico o incluir en un blog. Es posible descargar una carpeta entera como un solo ZIP. Algo similar ofrecen Adrive ( www.adrive.com ) con una carpeta en línea gratis de 50 gigabytes y 2 GB de límite por archivo, y Mozy ( www.mozy.com ), con sólo 2 GB en su versión gratis, pero que incluye un software para facilitar la transferencia de archivos.
Lo que hay que tener en cuenta es que el envío de los archivos, es decir, copiarlos de la propia computadora al servidor que ofrece el servicio, es un proceso lento. Esto es así por como están configurados los accesos de banda ancha hogareños, en los que la capacidad de recepción de datos suele ser 8 veces mayor que el ancho de banda disponible para enviar información.
Claves
Mayor capacidad. Estos sitios permiten compartir archivos grandes, de más de 100 MB, y en algunos casos llegan a los 1000 MB.
Sin gastos extras. El servicio puede usarse de manera gratuita en varios sitios web.
Herramientas. También hay discos duros en línea que permiten compartir archivos.
Paciencia. El proceso de copiado de la computadora al sitio depende de la conexión a Internet, pero suele ser lento. Cargar un archivo de 100 MB tomará, como mínimo, una hora.
El déficit de los correos. Los correos electrónicos aumentaron su capacidad de almacenar documentos, pero tienen un límite en el tamaño de los archivos que se pueden agregar al mensaje. En el caso de Hotmail y Yahoo! es de 10 MB; para Gmail, es de 20 MB.
Ricardo Sametband
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11/05/09
Pero no me nombres
Todos sabemos que es una mafia y que son todos mafiosos. Todos sabemos que el de la esquina es el que afana, que el de la vuelta es el que avisa y que el de al lado es el que la guarda. Todos sabemos que el almacenero le pega a la mujer y que su hijo le hizo un hijo a la de trece de la villa de Boulogne pero también sabemos que el almacenero tiene una 45 que le dio el primo de un amigo que es ex comisario de la primera de San Isidro y que mejor muza. Todos sabemos eso.
También todos sabemos que todo es una transa y que son todos transeros. Todos sabemos que el boletero siempre tiene 4 reservadas en la primera fila y que como sos amigo de un tío del productor del actor podés pasar al camarín y darte dique. Todos sabemos eso.
Todos sabemos que los médicos hacen humor negro cuando se les muere un cacho de carne y que le llaman cacho de carne al muerto porque quién no tiene un primo de un tío de un amigo que te lo cuenta sin mosquearse… todos sabemos eso. Todos también sabemos que la medicina es una industria y que las obras sociales son proporcionales al precio que pagás o a la familia que la dirige y todos también sabemos que si sos amigo de la familia o sobrino o primo o tío del conocido de un amigo te van a poner en una suite en la parte nueva del Instituto del Diagnóstico seguro… Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si te quedás sin trabajo podés ir a ver a tal que es amigo de cual y sobrino de zutano que le debe un favor a mengano que le debía otro a perengano que era amigo del abuelo de tu padre. Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si tenés que renovar un pasaporte, cédula o registro siempre hay un amigo de tu tatarabuela que se la ponía a tu tía que era medio prima del banquero del barrio cerrado de Pilar que conocía al primo que parece que mató a la Belsunce y que es amigote de otro puntero del barrio pobre de enfrente del otro lado de la ruta pero vos callate y tenés el registro en 10 minutos. Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si te para la cana tenés que llevar la tarjeta del comisario tal o cual que es medio amigo o conocido de tu íntimo amigo y que cuando te paran no sabés dónde puta está la tarjeta entonces llamás a un amigo de un amigo y resulta que atiende tu íntimo amigo y te da el número del comisario que no era aquel que te había dado sino otro que puso un amigo de un amigo de Scioli primo de Posse y zafaste… también sabemos eso.
Todos también sabemos que aquél es el “fraile”, el pibito que mató a la prima de la amiga de la hermana del jardinero, también sabemos que es dealer y que tiene porro siempre pero para merca hay que llamarlo un día antes y para éxtasis a partir de los jueves y que hay que llamar de parte de Rosa… Todos sabemos eso.
Todos sabemos que los tacheros son casi todos mafiosos y que tienen una trenza con los sindicatos y que te arreglan el reloj y que se cagan en el patrón y que el peón es un ladrón y por poco violador y que la cola de tal o cual parada o aeropuerto está vedada y que mejor no te pares y menos lo tomes y que mejor que te las tomes. Todos sabemos que para poner un negocio si no sos amigo de un conocido de un tío de un amigo de un primo de una prima lesbiana amante de la mujer del gobernador local te mandan matar… Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si querés tener un crédito en el banco y estás en el Veraz tenés que conocer a un pinche amigo del secretario de un amigo del primo de Ibarra que es amigo de un maquillador de Shakira que comía asado con un asistente de Nacha que se culeaba a un medio sobrino de Perón que tiene dos caniches blancos primos del perro de Susana que son tíos del Pitbull de Tinelli y que juega al fútbol con un asistente de Chávez… Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si querés encamarte con tal o cual que era amante de la Alfano o del Facha Martel tenés que llamar a un amigo de un taxi boy compañero de yoga de un remisero que lo llevaba a Rial en el 93 cuando trabajaba con Lucho y se la chupaba a no me acuerdo quién… Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si tenés exceso de peso tenés que ir a ver al chanta de Cormillot y todos sabemos que si tenés otro tipo de exceso algún pez gordo de Aerolíneas te va a salvar y te lo va a dejar pasar. También todos sabemos que si no querés que te pique el mosquito del dengue tenés que hablar con el amigo de tal que es amante de un transexual que tiene una amiga que tiene una peluquería donde venden consoladores por detrás y por izquierda facturados por derecha… Todos sabemos eso.
Todos sabemos que si tenemos un juicio tenemos que llamar a aquel que es cuñado del escribano que le hizo la casa al contador que no murió del corazón porque tuvo al personal trainer del arquitecto cual que es socio del amigo de Gaby Álvarez o que mejor… no, llama al testaferro de fulano que se llamá Faena y tiene un telo posta y sabe a quién hay que llamar en esos casos… eso todos también lo sabemos.
Todos sabemos por dónde andar y si no sabemos por dónde andar qué importa si total sabemos a quién hay que tocar y a quién hay que llamar si andamos mal.
Todos sabemos quién trae, quién invita, quién garpa y quién se hace garpar. Todos sabemos quién jode y quién tiene ganas de joder y todos sabemos quién tiene y jode y quién no tiene y jode igual.
Todos sabemos quién miente con un programa de televisión que dice decir la verdad y quién dice la verdad y tiene que mentir para tener un programa de televisión… eso todos lo sabemos.
Todos sabemos que estamos todos salvados porque siempre hay un amigo de un primo de un tío de conocido de un amigo que te hace zafar… eso todos lo sabemos.
Todos sabemos quién va a ganar… porque todo lo sabemos. Todos sabemos lo que piensa Prat Gay sin saber cómo se pronuncia porque no sabemos si es catalán, inglés u holandés, todos sabemos lo que elucubra De Narváez aconsejado por Mauricio y desaconsejado por Felipe. Todos lo sabemos. También todos sabemos a quién hay que llamar si te querés hacer matar.
Todos sabemos todo… porque todo lo sabemos y porque así nos conviene porque si fuera de otra manera no seríamos lo que somos… Todos lo sabemos y por ahora resulta… así que dejate de hinchar… no te quejes que estamos bien… o qué preferís, ¿Suiza, donde no te conoce nadie?…
Es mejor así, todo verdad, todo inventado, todo por derecha y por izquierda, todo como sea, pero es, no seas bobo... quedate muza… y cualquier cosa llamame… que yo tengo un amigo de un primo de una vedette que se casó con un galán amante de un chef del canal Gourmet que se acostaba con una que era el culo de tal marca que desfilaba para tal que estaba en la lista de no me acuerdo quién… pucha, ¿quién era?…
¡Aaah… era yo!... ¡Llamame a mí!… Pero no me nombres.
Fernando Peña
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10/05/09
Disculpen la molestia
Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.
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09/05/09
Dame Moore
El inglés Alan Moore es el autor más respetado, venerado y extraño del comic contemporáneo: su imaginario revolucionó el género, sus personajes introdujeron densidad y sus tramas son poderosamente políticas. Es, además, un excéntrico y lúcido enemigo de la industria del entretenimiento. Ahora, tras idas y vueltas, danza de directores y pavor de sus devotos lectores, se estrena Watchmen, sobre la sórdida y oscura vida de los superhéroes. Pero lo más curioso es que, sin importar los resultados, Moore sigue resistiendo el seductor canto de las sirenas del cine. Y aunque ya filmaron V de Vendetta, La liga de hombres extraordinarios, Desde el infierno, sigue demoliendo el cine, ni siquiera firma las películas que inspira y hasta se niega a cobrar sus cheques.
Northampton es una ciudad del norte de Inglaterra que oculta tras su fachada convencional una historia densa, de asentamientos sajones, de la creación del primer Parlamento británico, de campo de las batallas más importantes de la Guerra de las Rosas. En su parte más antigua, y más pobre, creció Alan Moore, niño durante los años ’50, el hombre que tres décadas más tarde iba a revolucionar el comic norteamericano para siempre –y, según él, para bien y para mal–. Pero entonces, en los ’50, Alan era apenas un chico de clase obrera que se aburría terriblemente y sólo encontraba escapismo en los comics y la mitología. “Todo lo que implicara mover montañas y tener superpoderes me interesaba, me ayudaba a dejar el barrio”, le contaría años después al director Dez Vylenz para el documental The Mindscape of Alan Moore, en realidad una larga entrevista donde quien muchos consideran el mejor guionista de la historia del comic en inglés y uno de los mejores escritores de lengua inglesa sin diferenciar medio, se explica a sí mismo y a su mundo.
Un mundo que se parece mucho al devenir de una estrella de rock. Moore entró en la grammar school y se dio cuenta de que ya no sería el mejor alumno por una razón bastante sencilla: sus compañeros, de clase media, estaban mucho mejor educados que él. “Yo no sabía siquiera que la clase media existía. Antes de la escuela, creía que existía mi familia, gente como mi familia, y la Reina. De ser el primero de la clase pasé a los últimos lugares. Me di cuenta de que no iba a lograr destacarme en el mundo académico. Y, de manera típica, decidí que si no iba a ganar, no iba a jugar.” Dicho y hecho: Moore fue expulsado de la escuela a los 17 años, por vender LSD (¡era 1969!). Además, el director escribió cartas a las universidades y colegios terciarios a los que Moore podría aspirar ingresar instándolos a no recibirlo. “Me acusó de corruptor y sociópata. Realmente me odiaba ese hombre.” El adolescente rebelde entró a trabajar en un matadero (lo echaron por fumar porro en los ratos libres) y terminó limpiando baños de hoteles. Allí, con la cabeza hundida en el inodoro, tuvo una epifanía: dedicarle a su pasión de toda la vida algo más que horas de placer; convertirse en guionista de comics, una profesión muy excéntrica todavía en los años ’70.
En Inglaterra, trabajando sobre todo en revistas como 2000 AD y Warrior, Alan Moore fue destacándose hasta llamar la atención de las grandes editoriales norteamericanas, Marvel y DC. Para Marvel, Moore trabajó en la filial británica; el caso con DC fue distinto. En 1983, la editorial de Superman y Batman lo contrató para que revitalizara La cosa del pantano, serie que venía en franca caída. Moore le dio nueva vida, le creó un nuevo personaje –un joven brujo inglés muy hip, parecido a Sting y llamado John Constantine, que acabaría teniendo su propia serie, Hellblazer, hasta ahora la más larga del subsello Vertigo–- y abrió la puerta para la renovación del comic norteamericano por guionistas ingleses, en una verdadera invasión británica que incluyó, para DC, a Jamie Delano, Grant Morrison y Neil Gaiman. Para 1986, Moore tenía su propia serie, Watchmen. La aparición de estos superhéroes fuera de la ley, disfuncionales, medio locos, fue un terremoto que Moore acompañó con una narrativa poco convencional para el comic hasta entonces: no lineal, con múltiples puntos de vista y desviaciones como los diarios de los personajes, las técnicas de “libro dentro del libro” (representada por un comic pirata que leen los personajes) y varios documentos que amplían las miradas y las biografías de los protagonistas, presentados como texto seco, sin imagen. No es casual que los guionistas de Lost adoren Watchmen: toda esa diseminación narrativa que ellos manejan –con los mobisodes y los sitios web entre otros artilugios– es una reproducción de todos los detalles y las curvas que Moore usó para romper la forma tradicional de contar una historia en comic. Rick Klaw dijo, en la revista Moving Pictures, que fue “un punk para la vieja guardia del rock’n’roll”. Y algo de eso había, pero la ruptura de Moore era no por la simplicidad, sino por la complejidad. Lo que traía al comic, en definitiva, eran técnicas literarias. Y un punto de vista político inclaudicable: “Empecé mi carrera en los ’80, en un tiempo político espantoso donde el mundo progresista veía crecer la coalición Thatcher-Reagan. Quise escribir sobre este presente con una historia en el futuro. La mayor parte de la ficción distópica no es sobre el futuro sino sobre el momento en que fue escrita. Watchmen surgió del paisaje político de los ’80, cuando la destrucción nuclear parecía posible; y usé el cliché del superhéroe para tratar de discutir nociones de poder y responsabilidad en un mundo crecientemente complejo”.
Y toda la desolación que ese paisaje político le causaba a Moore quedó plasmada en el inicio de Watchmen, uno de los arranques más tenebrosos jamás ensayados: “Cadáver de un perro en el callejón esta mañana. Las alcantarillas están llenas de sangre y cuando rebasen, todos los gusanos se van a ahogar, el filtro acumulado de todo su sexo y asesinato les va a llegar hasta la cintura y cuando todas las putas y los políticos miren arriba y griten ‘sálvennos’ yo voy a mirar hacia abajo y susurrar ‘no’... Me sentí limpio, sentí al oscuro planeta girar bajo mis pies y supe lo que los gatos saben, lo que los hace gritar como bebés en la noche. Miré al cielo cargado de bruma y Dios no estaba ahí. La sofocante y fría oscuridad sigue para siempre y estamos solos. No es Dios el que mata a los niños, no es el destino el que los masacra ni el que se los da de comer a los perros. Somos nosotros, solamente nosotros”.
Nacía una estrella oscura, y una leyenda.
El dominio de las palabras
Alan Moore era respetado en DC y venerado por los fans, pero a él se le acumulaban los problemas. Acompañó a Watchmen por convenciones de comics, pero encontrarse con fans lo irritaba. Eventualmente dejó de hacerlo, y hoy por hoy es imposible que aparezca en algún encuentro colectivo de la industria. Comenzó su segundo gran trabajo para DC, la extraordinaria serie V de Vendetta (ilustrada por David Lloyd). Pero él discutía derechos y copyright con los directivos, hasta que en 1989 dejó DC con Vendetta entregada y terminada: la historia de V, un terrorista héroe que ataca Londres (hace volar el Parlamento y luego... el subte) bajo un gobierno fascista que mantiene a Inglaterra en la ignorancia y el terror. Lo acompaña Evey, una huérfana del autoritarismo nacida durante la recesión de 1981, criada por una madre que moriría de hambre durante el caos de posguerra que acabó con la toma de poder por los fascistas (que “limpian” el Reino Unido de gays, negros, paquistaníes y de gente como el padre de Evey, un joven militante socialista). Vendetta le pone los pelos de punta a cualquiera que haya vivido bajo el totalitarismo –de la latitud que sea– y resulta increíblemente profética, y no sólo en la ubicación de los atentados terroristas (Watchmen también tiene su ataque guerrillero a Nueva York, que incluso la flamante versión fílmica asocia con el 9/11). Moore responde, sencillamente, que “lo que tiene escribir sobre el fascismo es que, si uno espera lo suficiente, la realidad le probará que tenía razón. El fascismo es como una hidra: se le puede cortar una cabeza, como en la Alemania de los ’40, pero volverá a aparecer en la puerta disfrazado de otra cosa”. Y eso que él podría reclamar conjuros, porque a los 40 años decidió, después de años de investigaciones, convertirse en mago. “No quería tener una crisis de mediana edad convencional, quería volverme loco. Así que les avisé a mis amigos acerca de mi dedicación a la magia. Ellos no se sorprendieron.” Ni mucho menos. Su íntimo, el escritor Iain Sinclair, lo declaró “el hombre más cuerdo de Inglaterra”. Y cuando se escucha a Moore explicar la magia, es posible estar de acuerdo con Sinclair: “En las primeras referencias, la magia se llamaba ‘el arte’ y creo que esto es literal. Creo que la magia es arte, y que el arte, sea la escritura, la música, la escultura o cualquier forma, es literalmente mágico. El arte es, como la magia, la ciencia de manipular símbolos, palabras o imágenes para conseguir un cambio en las conciencias. ‘To cast a spell’ (hacer un hechizo) es simplemente to spell (deletrear), manipular palabras. ‘Grimorio’ es una forma más elegante de decir ‘gramática’. El paganismo es como el alfabeto. Cada dios es una letra que da más posibilidades. Mientras que el monoteísmo es una vocal: la espiritualidad reducida a una sola nota”. Cree, además, que sería bueno retomar la función que tenía el artista en los tiempos de la magia: “Un bardo te mataba con una sátira. Los escritores y la gente que tenía dominio de las palabras era respetada y temida porque manipulaban magia. Con el tiempo, los artistas han aceptado la creencia establecida de que el arte, la escritura, son sólo formas de entretenimiento. No se las ve como transformadoras, como fuerzas que pueden cambiar a un ser humano o que pueden cambiar a la sociedad. Son vistas como cosas con las que podés llenar media hora mientras esperás la muerte”.
Esto no es lo que cree Moore, claramente. Fue en 1989, cuenta, cuando supo que trabajar para las grandes editoriales norteamericanas lo limitaría demasiado. El portazo a DC significó una década del ’90 dedicada a los sellos independientes, pero también constituyó la publicación de uno de sus mejores trabajos, seguro el más denso y complejo: Desde el infierno (From Hell). Se editó en 10 volúmenes entre 1991 y 1996, y consistía en una interpretación de Jack el Destripador y el Londres victoriano que unía arquitectura (las iglesias de Hawksmoor y la masonería), arte (Walter Sickert), ocultismo (la Golden Dawn), mitología (los druidas, los cuervos del dios Bran que viven en la Torre de Londres), historia (la reina Boadicea), medicina (el manicomio de Bedlam, John Merrick El Hombre Elefante), realismo social (la vida miserable de habitantes de Whitechapel, los modos de la aislada realeza) y literatura (Blake, Yeats, Defoe) en un todo complejo que, Moore esperaba, pudiera hablar de aquella época, pero sobre todo de ésta. “Trato de producir trabajo que sea adecuado a mi tiempo, y una de las cosas que distinguen a nuestros tiempos es la saturación de información. Sí, hay en mis trabajos, sobre todo en los más largos como From Hell, una compleja superposición de símbolos, información y narrativa. Pero ésa es mi experiencia como habitante de los siglos XX y XXI. Me gusta pensar que mi trabajo es complejo porque vivimos en un mundo complejo.”
Las más de 500 páginas de From Hell (con ilustraciones de Eddie Campbell) alertaban acerca de la buena salud de Moore como narrador, pero no anunciaban una vuelta al comic mainstream, y eso a pesar de que él mismo había ayudado a abrir sus horizontes. En 1999 consiguió otro clásico: The League of Extraordinary Gentlemen (La liga de los hombres extraordinarios), para el sello America’s Best Comics, que tenía dentro de la compañía Wildstone Comics. La liga..., que se sigue editando, es un gran comic “de época”. Sus protagonistas son Mina Murray (de Drácula), Allan Quatermain (de Las minas del rey Salomón), el Capitán Nemo de Verne, Griffin (el hombre invisible de H. G. Wells) y el Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson. Juntos son como una Liga de la Justicia del Imperio británico, que defienden y a la vez desnudan las brutalidades, limitaciones e injusticias del Imperio. La liga... le dio muchas satisfacciones críticas y de público, pero se convirtió en su mayor problema y quiebre total con la industria del cine cuando, en 2003, aparecieron dos pícaros guionistas que acusaron a Fox y a Moore de robarles un guión y transformarlo en comic (La liga...) para después llevarlo al cine y “plagiarlos”. ¿Retorcido? Por cierto, pero Moore tuvo que declarar durante diez horas y demostrar que su trabajo le pertenecía, una humillación (¡tener que defender a los que destrozaron su obra!) que hasta hoy lo atormenta, especialmente porque Fox hizo un arreglo privado que dejaba lugar a sospechas.
Fuera de pantalla
Moore es categórico. “Odio a la industria del cine –dice–. Si hago un mal comic, no cuesta cientos de millones de dólares, que es el presupuesto de un país emergente de Africa. Es dinero que podría haber sido destinado a aliviar algo del inmenso sufrimiento que vive el mundo y sin embargo se destina a darles a adolescentes occidentales aburridos, apáticos, perezosos e indiferentes otra manera de matar 90 minutos de sus interminables vidas sin sentido.” Odiar el cine es, claro, una toma de posición mucho más que un gusto o disgusto personal. Así, le decía a la revista Salon.com: “Ronald Reagan es un hombre cuya respuesta a la epidemia del sida fue probablemente responsable de cientos de miles de muertes en todo el mundo. Fue alguien que creó a Saddam Hussein y Osama Bin Laden, o al menos puso en funcionamiento las políticas que iban a crearlos. Fue el arquitecto de mucha de la desgracia actual del mundo. ¿Y por qué lo elegimos? Porque había estado en muchas películas que nos gustaron. Creímos que era un hombre honorable porque hacía de hombre honorable en las películas”.
De este modo, rechazó los créditos en las adaptaciones de sus comics después de la experiencia fallida de Desde el infierno (2001, de Albert y Allan Hughes). En las más grandes, como Constantine (2005, de Francis Lawrence) o V de Vendetta (2005, de James McTiegue y los hermanos Wachowski) o ahora Watchmen (de Zach Snyder), ni firma ni cobra: el dinero va a los dibujantes. El dice que puede vivir bien sin esa inyección de divisas. Los dibujantes, como Lloyd, el de Vendetta, se lamentan: “Fue un trabajo colectivo, y es triste ver que el equipo no aparece completo en los créditos. También es un poco vergonzoso cobrar todo. Pero Alan es irreductible”. Es capaz de ir más lejos, si se lo propone: las obras de las que no tiene derechos, como Vendetta o Watchmen, quiere que salgan sin su firma en las reimpresiones. Cosa que DC le negó, porque el nombre de Alan Moore vende. El amenaza con hacerles juicio. ¿Juicio para no firmar? El hombre es un duro.
Y un romántico. Es que también detesta al cine porque, siente, le está quitando independencia y vida propia al comic, a esas revistas que lo salvaron en su juventud desangelada. Explica: “Fue Will Eisner el que trajo al comic la mirada del cine, en los ’40, después de ver El ciudadano miles de veces y de transferir el estilo visual y la manera de hacer las transiciones a las páginas de The Spirit. Pero, con lo mucho que admiro a Eisner, creo que mantener esa aproximación en la historia reciente ha hecho más mal que bien. Si uno ve a los comics como a un pariente pobre de las películas, se queda con una película que no se mueve, no tiene banda de sonido y no tiene a una estrella en el papel principal. Además, hoy existen tres o cuatro compañías cuyo único propósito es hacer storyboards, no comics. Puede que la única razón por la que existe ahora la industria del comic sea ésta: crear personajes para películas, juegos y otro tipo de merchandising. Los comics son como franquicias que puede explotar la industria del cine. Y los comics no se merecen ese lugar, esa esclavitud”.
Mariana Enriquez
El ocaso de los dioses
Cuando le preguntan hoy en día lo que piensa de los superhéroes, Alan Moore suena bastante contundente. “No puedo dejar de pensar que es un fenómeno que sólo sucede en los Estados Unidos. Y me pregunto si no tiene que ver con esa arraigada actitud norteamericana de no involucrarse en una confrontación sin tener antes asegurada una masiva superioridad táctica”, declaró recientemente a la revista Wired. “Después de todo, el bombardeo extensivo y sistemático desde las alturas es algo así como el equivalente a ser un bebé que llegó desde Krypton, y ganar una fuerza inusual y la habilidad de volar gracias a la menor gravedad de la Tierra. Tal vez sea una interpretación simplista, no lo sé, pero es la manera en la que tiendo a ver hoy a los superhéroes.”
Antes de llegar a semejante conclusión, sin embargo, Moore supo interpelar a su manera un fenómeno –el de los superhéroes– que, admite, supo fascinarlo cuando era chico. Como antes lo hicieron Los Beatles y Los Stones con el rock’n’roll en los ’60, Moore terminó colocándose a la cabeza de la revolución británica dentro del comic book norteamericano que revitalizó al género durante los ’80. Alguna vez Caetano Veloso escribió que el rock norteamericano era lo real, y el británico –en cambio– un pensamiento sobre aquello; y así es como funcionan las historietas de superhéroes de Alan Moore. Y donde mejor trabaja esa dialéctica es en Watchmen, la obra en la que el guionista (junto al dibujante Dave Gibbons) intentó imaginar lo que serían realmente los superhéroes si hubiesen existido en realidad.
Publicada originalmente a mediados de los ’80, en medio de lo más caliente de la Guerra Fría, Watchmen imagina un mundo en el que Nixon ha sido reelecto varias veces, Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam ayudado por sus superhéroes y el mundo está aún más al borde de una guerra nuclear que lo que estaba entonces. Sin derecho a utilizar sus disfraces ni sus poderes –salvo al servicio del gobierno–, aquellos superhéroes de antaño son hoy una casta de desclasados. Algunos de ellos vegetan entre la borrachera y la nostalgia, y otros se escudan detrás de un cinismo feroz o de una rebeldía solitaria e inútil, mientras el mundo se encamina mansamente hacia su destrucción. Moore y Gibbons se dedicaron con Watchmen al realismo sucio, sin dudas. Pero con capas y antifaces.
Junto al también muy sucio Batman de Frank Miller, el éxito de Watchmen abrió la puerta dos décadas atrás a un mercado de comics un poco más adultos, siempre dentro del masivo mundo de los superhéroes (o similares). Una puerta que enmarcó poco después el subsello Vértigo, el hogar de milagros como Sandman, entre otros. No parece casualidad, entonces, que la larga marcha de Watchmen hacia su adaptación cinematográfica (coquetearon con ella desde Terry Gilliam hasta Paul Greengrass y Darren Aronofsky) llegue a buen término después del éxito del oscurísimo Batman de Christopher Nolan. Casi replicando aquella revolución original, hay un consenso general de que Hollywood está tan listo ahora como lo estaba entonces el mundo del comic para comprender de qué habla una historia como la de Watchmen. No sólo por la cantidad de películas de superhéroes con las que han atiborrado las salas, sino también porque los más creativos y exitosos protagonistas del medio actual crecieron admirando la obra de Moore y Gibbons. “Es la mejor pieza de ficción masiva y popular jamás producida”, declaró Damon Lindelof, uno de los creadores de Lost, a la revista Entertainment Weekly. “Watchmen usó la historia de los comics como modelo para examinar la condición humana de una manera que nadie había visto nunca antes”, agregó Joss Whedon, el cerebro detrás de Buffy, la cazavampiros.
Tal vez por eso es que la tan anticipada (y temida por los fanáticos, que siempre esperan lo peor de Hollywood) versión cinematográfica de Watchmen sea tan increíblemente respetuosa con la historia original. No en vano Zack Snyder aseguró inicialmente que, aprovechando el éxito de su 300, exigió encargarse de ella para que nadie pudiese arruinarla. “Si lo que logro con mi versión es hacer que la gente termine buscando el texto original, estoy hecho”, confesó Snyder, cuya adaptación es tan fiel que logró la aprobación incondicional de Dave Gibbons, el dibujante original. Con sus mejores momentos claramente deudores del comic (hay muchas secuencias casi calcadas, lo que seguramente entusiasmará a los fans) y sus deslices asociados más que nada a las limitaciones de Snyder como director (es difícil no ponerse a pensar lo que hubiese hecho alguien como Gillam, por ejemplo) y a un casting carente de todo carisma, si las más de dos horas y media de este Watchmen no llegan a entusiasmar, al menos tampoco defraudan. Es más, por momentos el resultado final casi parece un milagro. Incluso la poderosa banda de sonido (en la que sorprende My Chemical Romance versionando “Desolation Row”) es rigurosamente fiel a las tantas citas musicales del comic.
Eso sí, llega dos décadas tarde. Pero eso ya no sorprende. Como tampoco sorprende que sea tan difícil encontrar Watchmen en las librerías locales. Y que Alan Moore siga empecinado en no tener nada que ver con las adaptaciones cinematográficas que se hagan de su trabajo. “Creo que fue Raymond Chandler quien, cuando le preguntaron qué pensaba sobre cómo había arruinado Hollywood sus libros, llevó al cronista hasta su biblioteca y le dijo: ‘Los libros están ahí, nadie les hizo nada’. Yo tengo la misma actitud”, dijo Moore en la misma entrevista de la revista Wired, publicada en su último número. “Si los libros son tan buenos como pienso que son, van a perdurar. Y si las películas son tan malas como creo que son, no lo van a hacer. Así que supongo que, sea como fuere, lo sabremos recién al final del día.”
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08/05/09
Las víctimas olvidadas de la Segunda Guerra Mundial
En el amplio mosaico de las víctimas que tuvo la Segunda Guerra Mundial, y en especial el régimen nazi alemán, Mahjub bin Adam Mohamed fue simplemente una pieza más, uno entre los millones asesinados, perdido en la oscuridad, sin funeral ni tumba.
Bin Adam pasó a la historia en Alemania, convirtiéndose en el primer negro a quien se recuerda con una placa de bronce en su país de adopción –frente a la casa donde vivió en Berlín– y quien fuera víctima del genocidio cometido por el Tercer Reich. Nacido en Tanzania, sirvió al gobierno alemán en sus colonias africanas y en su ejército. Emigró a Berlín en 1929, se casó con una mujer alemana y tuvo tres hijos. En 1941 fue arrestado, acusado del crimen de “matrimonio interracial” y murió en el campo de concentración de Sachsenhausen en noviembre de 1944. Así como Bin Adam Mohamed, centenares de negros se convirtieron en uno de los objetivos de Hitler, quien ordenó en 1937 la esterilización de niños y adultos, y más tarde la exterminación de ellos.
Asociar el nazismo exclusivamente con la destrucción de los judíos es cometer dramáticas omisiones que nos perjudican a todos, tanto a judíos como a no judíos. Las atrocidades ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial –que dejaron 60.000.000 de muertos– y la Shoá no pueden abordarse ni analizarse de manera separada. La Shoá fue parte de la Segunda Guerra Mundial y los judíos no fueron el único objetivo de persecución del régimen nazi.
Entre las primeras víctimas de discriminación y persecución de la Alemania de Hitler estaban los opositores políticos (comunistas, socialistas, social-demócratas y sindicalistas, mayoritariamente). A ellos se sumaron los gitanos. Yo mismo recuerdo, estando en el gueto de Lodz, cuando llegaron a principios de 1942. Recuerdo como si fuera hoy y ya han pasado más de sesenta y cinco años, cómo los llevaban, vigilados, hacia una parte del gueto, separados del resto. Escucho aún sus gritos y sus llantos. Fueron encerrados allí para luego ser exterminados. Los nazis también veían a los polacos y a los pueblos eslavos o llamados asiáticos de la Unión Soviética como razas inferiores y aniquilaron a una parte importante de las elites política, intelectual y cultural de Polonia y de la Unión Soviética, incluyendo a numerosos miembros de la Iglesia Católica.
Otro grupo de víctimas lo constituyeron las personas con discapacidad y aquellas internadas en instituciones hospitalarias. Eran consideradas inútiles, una amenaza a la “raza aria”, y ocupaban camas que podían ser utilizadas para los soldados heridos. Apareció entonces la llamada “eutanasia” (5000 niños discapacitados asesinados en instituciones en Alemania y Austria; 70.000 adultos internados en instituciones fueron asimismo asesinados; otras 110.000 personas adultas con discapacidades fueron masacradas en cámaras de gas o dejadas deliberadamente morir de hambre o envenenadas).
El régimen nazi también persiguió a los Testigos de Jehová. Muchos de ellos fueron encarcelados en campos de concentración. Otro objetivo lo constituyeron los homosexuales, considerados un obstáculo a la preservación de la nación alemana y un elemento de corrupción e inmoralidad para la sociedad. Miles murieron en los campos de exterminio.
El pueblo judío conmemora su tragedia y recuerda; muchas de las víctimas de otros genocidios ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial no lo hacen. Simplemente ignoran u olvidan. No dejo de asombrarme frente a la negación de los mismos países que fueron víctimas y a su falta de memoria. ¿Niegan o ignoran? No puedo dejar de interrogarme sobre si Hugo Chávez, presidente de Venezuela, tiene conocimiento del destino que corrían los negros durante la Alemania nazi. ¿Niega o ignora, cuando apoya a los negadores de la Shoá?
El que niega el Holocausto también está negando la muerte en manos de los nazis de tres millones de polacos. El que niega el Holocausto también niega la muerte de más de veinte mil gitanos asesinados en Auschwitz-Birkenau, de negros, de homosexuales, de disidentes políticos, de miembros de la Iglesia Católica, de millones de seres humanos. Si se niega, se ignora la totalidad de la tragedia y creo que allí reside la peor de las desgracias.
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07/05/09
Un romántico con diez pesos
Todos los años, el mundo es testigo del nacimiento de un producto estúpido y ordinario que, contra todos los pronósticos, se vende como pan caliente. El loco lope, el tiki taka, los sea monkeys, el goma-goma, el barrilete de Bob Esponja, el tamagochi, el yo-yo, el balero, los guantes mágicos, son sólo algunos ejemplos, aunque hay más. Por suerte, la presencia de estos cachivaches en los negocios no dura mucho tiempo. Se venden mucho durante un par de meses y luego desaparecen, hasta dentro de veinte años, cuando algún chanta los obliga a renacer.
Desafiando esta tendencia, desde hace más de veinte años, uno de los productos más tercos de esta familia de subnormales multiplica su absurda presencia en distintos avatares que se acomodan, con sus ojos plásticos y perversos, en los estantes llenos de polvo de librerías, jugueterías y parques de diversiones.
Sí, me refiero al objeto más inservible y mugriento de todos. Me refiero al peluche.
El peluche es el ahijado boludo de la muñeca de trapo. Nació como figura simple y blanda para bebés que no podían usar muñecas tradicionales de plástico duro o bebotes de goma y le fue muy bien. Era suave, lavable, barato: genial para que los chicos mordieran y babearan sin correr el riesgo de sacarse un ojo con un tren de lata o la manito rígida de una Barbie.
Pero un día, en algún lugar del mundo, a un idiota cursi se le ocurrió que podía hacerse el romántico con sólo diez pesos, y en vez de regalarle a la novia un ramo de flores, le llevó un osito de peluche como el que usaba cuando era chica para dormir. El gesto fue tan efectivo (su novia era una gansa y lloró de emoción al recordar) que desde ese momento, los peluches lideran el mercado de regalos boludos y haraganes para cumpleaños, fechas románticas y nacimientos.
Prueba de ello es que por cada bebé que nace, hay un idiota que lo pasa a visitar por la clínica con un peluche grande como un pibe de ocho años. Parece increíble. Con lo que cuestan los pañales, el cochecito, la ropa infantil, los chupetes y mamaderas, la obra social, la ropa de cama, la cuna, el catre, el talco y las toallitas, nunca falta un marmota que regale un mono de peluche tamaño natural.
Y eso no es nada. El peluche no envejece ni se amedrenta con la modernidad. No contento con engendrar una colección de animales bizcos y cabezones de esa tela colorinche, desde hace un par de décadas, estos bichos morbosos tienen sus propias máquinas. En varios lugares hay cabinas de vidrio en las que hay que meter dos pesos para tener la asombrosa oportunidad de manejar una pinza metálica para, luego de una decena de intentos, sacar una esas baratijas peludas que no sirven para nada.
Yo me pregunto qué clase de persona quiere luchar por un Tweety de gomaespuma. Qué clase de enfermo de mierda tiene una colección de monos, gansos, perros y sapos de plástico peludo arriba de la cama. Qué clase de nabo acaricia un peluche cuando puede acariciar un perro. Que alguien me lo explique, porque no lo entiendo. Las muñecas nacieron para suplir la presencia de un hijo o para ensayar las aspiraciones de sus dueñas. Las flores plásticas para imitar la belleza de una planta. Un perfume para recrear artificialmente el aroma de una fruta, de una especia, de una tarde de sol. ¿Un perrito de peluche, entonces, para qué está?
Carolina Aguirre
La Peleadora / La vida con un caracter de mierda / Critica de la Argentina | La Peleadora | Weblog de Carolina Aguirre
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